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Desde el siglo XI ya se tiene constancia escrita de la presencia de viñas en Zambrana. Así el historiador medievalista Antonio Ubieto Arteta, en 1058, en el Cartulario de San Millán, n. 320, p. 292, recoge textualmente:

«... in villa que dicitur Cembrana, iuxta Sancti Vicenti, cum exitis sive introitis, molendinis, pratis, pascuis, montibus, vallibus, terris vineis...».

A partir de esta fecha y hasta finales del siglo XX, se ha mantenido la tradición vitivinícola no únicamente en Zambrana sino también en Berganzo, Ocio y Portilla.

Hasta los años 80 de la pasada centuria se han cultivado variedades de uva destacando la garnacha blanca, garnacha negra, tempranillo y viura, además de otras minoritarias como el mazuelo y graciano.

En la actualidad la producción de este cultivo ha desaparecido prácticamente. Una familia de Berganzo cultiva una viña en el término denominado El Robrón, de cuyo fruto, obtiene el vino tan característico de esta zona geográfica.

 

LAS VIÑAS

La vid se ha plantado entre las localidades de Berganzo y Ocio, desde la mojonera de ambos pueblos hasta Rosaria, jurisdicción de Berganzo, y más concretamente en los términos de Ubía, El Robrón, Rosaria, Bidolso, Muñázarra y Zabala.


En Ocio se han cultivado viñas en los términos de Carasol, Tejera, Tropera, Carrascal, Las viñas de Berganzo y Las Cuestas.

Portilla ha centrado su producción vitivinícola en los términos de San Juan, San Martín y El Testao. Por último la localidad de Zambrana la ha agrupado en Baciernos, Los Terreros, La Rosquilla, San Martín, Miralobueno, El Cementerio, El Sanguinal, Vetrusa, La Torre, El Valle, El Picón, La Pilastra y Legarra.

 

LAS BODEGAS

En la mayoría de las viviendas de los vecinos del municipio existía una estancia denominada bodega con su lago y sus cubas para almacenar y conservar el vino obtenido tras la vendimia de sus viñas. Dicha estancia era de dimensiones reducidas por lo que tenían la necesidad de utilizar algún establecimiento común para poder fermentar la uva una vez que había sido vendimiada. Por ello, algunos vecinos del pueblo cedían sus bodegas, de mayor capacidad y con prensas, para realizar estas tareas, para más tarde, cada vecino, transportar el mosto en pellejos a las cubas que poseía en su casa.

La bodega era el lugar principal donde se realizaban los trabajos de fermentación, clarificación, maduración y envejecimiento del vino.

La fermentación del vino se producía en el lagar o lago, y el vino que se estaba formando era pasado a cubas y tinas por medio de pellejos para continuar su proceso de fermentación.

Actualmente se conservan dos bodegas de vino: una en Berganzo, cuya propietaria es Carmen Ansótegui, en la cual se sigue elaborando vino; varias abandonadas en El Tobal de Ocio; y una en Zambrana, de Julián López de Torre, tal y como la utilizaba en los años 50.

CLASES DE VINO

Arrope: mosto que se cocía en una caldera de cobre, durante un día, atizando la lumbre, de forma continuada, para que no dejara de hervir. Se embotellaba y se tomaba para desayunar y untar en el pan. Algunos echaban nueces y almendras en el proceso de elaboración del arrope.

  • Funchín: era un vinillo dulce, que caía bien, en definitiva era el mosto.
  • Lágrima: el primer vino que se obtenía.
  • Ojo gallo: un vino que empezaba a coger color, ni era claro ni era tinto.
  • Vino clarete: vino que fermentaba con el hollejo durante un tiempo no superior a 48 horas, continuando después la fermentación sólo.
  • Vino tinto: era una especie de chacolí muy flojo que gustaba mucho, con poca graduación, entre 9 y 11 grados.